lunes, 2 de mayo de 2011

Beato Juan Pablo II: Un millón y medio de peregrinos celebran la beatificación más multitudinaria

Demos Gracias a Dios por la Beatificación
de "Nuestro Patrono e Intercesor"

La fiesta del beato Juan Pablo II será el 22 de octubre, según ha anunciado el Papa Benedicto XVI

ABC - La mayor ceremonia de elevación a los altares en toda la historia ha sido una gran fiesta en Roma y en los 129 países que el “Papa viajero” recorrió durante sus casi 27 años de Pontificado. Un millón y medio de peregrinos participaron en las distintas misas celebradas simultáneamente en la Ciudad Eterna, mientras cientos de millones de personas seguían el acontecimiento desde todos los rincones del planeta.

A las diez y cuarenta de la mañana, el rostro sonriente de Juan Pablo II se asomó a la fachada de la basílica de San Pedro en una espléndida fotografía. Benedicto XVI acababa de pronunciar la fórmula de beatificación y de anunciar que su fiesta será el día 22 de octubre.

Los fieles aplaudían, muchos lloraban, otros se abrazaban. Todo era mejor de lo previsto. El tiempo había pasado de cielo nublado a sol radiante, la plaza estaba más hermosa que nunca, y la fotografía de Juan Pablo II era preciosa. Por tratarse de un primer plano y de una fotografía gigantesca, todos podían verla sin necesidad de las pantallas de televisión.

La emoción y el esfuerzo de la espera habían sido intensos, pero había valido la pena. Decenas de miles de peregrinos estaban ya en las inmediaciones de San Pedro a las dos de la madrugada, mucho antes de la apertura de la plaza a las cinco y media. Muchos enfermos y niños en sillas de ruedas habían entrado en el Vaticano por una puerta lateral a las tres de la madrugada, pues ya se sabía que después de esa hora sería imposible moverse en los alrededores.

En cuanto Benedicto XVI pronunció la fórmula de beatificación, la religiosa polaca Tobiana Sobotka, que había administrado el apartamento de Juan Pablo II durante casi treinta años y había escuchado sus últimas palabras –“Dejadme ir a la casa del Padre”- y la religiosa francesa Marie Simon-Pierre, curada milagrosamente de su párkinson por intercesión de Juan Pablo II, llevaron su reliquia hasta el Papa y después al altar.

Benedicto XVI besó el relicario en forma de ramos de olivo entrelazados que contiene en su interior un tubo transparente con una muestra de sangre extraída a Juan Pablo II poco antes de su fallecimiento para estudiar la posibilidad de una transfusión que ya no llego a hacerse. La sangre se mantiene líquida debido a los anticoagulantes empleados en el momento de la extracción. Poco después, dos niñas dejaban flores ante el relicario, en la primera muestra de culto público a las reliquias del nuevo beato.

Saludo a los peregrinos de lengua española

Al término de la misa, el Papa saludó afectuosamente en castellano “a los peregrinos de lengua española, y en especial a los cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y numerosos fieles, así como a las delegaciones oficiales y autoridades civiles de España y Latinoamérica. El nuevo Beato recorrió incansable vuestras tierras, caracterizadas por la confianza en Dios, el amor a María y el afecto al Sucesor de Pedro, sintiendo en cada uno de sus viajes el calor de vuestra estima sincera y entrañable”.

Veneración del féretro

Concluido el saludo final a los peregrinos, el Papa entró en la basílica, seguido de los cardenales concelebrantes, para venerar el féretro del nuevo beato, situado en el centro del templo, ante el altar de la Confesión. Benedicto XVI rezó de rodillas durante largo rato y después pasaron los cardenales: todos tocaban el féretro, muchos lo besaban.

Poco después iniciaba el mismo homenaje por parte de los fieles. Las puertas de la basílica permanecerán abiertas día y noche durante dos días para que todos puedan rendir el último homenaje antes del traslado del féretro a su lugar definitivo en la Capilla de San Sebastián, contigua a la Piedad de Miguel Ángel.

La primera misa con las lecturas propias de la fiesta del beato Juan Pablo II será celebrada el lunes a las 10 de la mañana en la plaza de San Pedro por el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone. Es una misa de acción de gracias, un sentimiento que desborda en tantos corazones a lo largo de todo el planeta.